Visitar la Ricarda es un placer para cualquier diseñador.

Visitar la Ricarda es un placer para cualquier diseñador.

El pasado 16/09/2017 organizamos una salida cultural a la Casa Ricarda en El Prat. Una joya de arquitectura. Compartimos todos un momento único. Y allí conocimos al fótografo Fred Guillaud & Marta Pujol quienes han regalado, en exclusividad para la comunidad de MYBARRIO, una fotonovela muy bonita! Merci.

La ecuación entre cultura mediterránea y modernidad convierte esta casa en un objeto de deseo único. Fijada en el tiempo, con la simpática obsolescencia de sus instalaciones, sus muebles de época marcados por los estigmas de las largas noches de discusiones y su sublime paleta de colores apagados por el paso de los años, la Ricarda se mimetiza con el bosque de pinos que la alberga y transforma esta vivienda veraniega en todo un icono de la arquitectura catalana.

Sin embargo, uno quiere llenar de vida esta obra de arte hoy en día vacía de habitantes.

¿Cómo debía ser vivir en estos espacios bañados de luznatural?… Marita, hija de Ricardo Gomis y Inés Bertrand que fueron quienes encargaron el proyecto de construcción de esta casa, nos espera al final delcamino en el corazóndel parque naturaldel Prat.

Baja de su Opel Corsa blanco, como salida de una canción de los 80. Sus ojos verdes brillan con intensidad y dejan percibir en ellos la llama de una juventud vivida en este hogar. La visita guiada empieza.

Construida en los años 50 por el entoncesjoven Antoni Bonet Castellana, la casa es el fruto dela estrecha colaboración entre el talentoso arquitecto y su cliente, ingeniero industrial y apasionado de los detalles y la música.

A la extrema delicadeza de los espacios se superponen, gracias al relato de Marita, las imágenes de unos días de vacacionesimpregnados de felicidad, familia, arte y música.

Podemos imaginar cómo eran aquellos atardeceres; los 6 hijos de la familia Gomis Bertrand volviendo de la desierta playa del Prat y corriendo entre pinos a la búsqueda de sus primos. La cubierta de la casa se convertía entonces en un objetivo a conquistar para observar el mar o esconderse… Atravesaban el salón para ver quiénes eran los invitados de esanoche y el granpiano de cola que acababan de instalar para un concierto.

Los niños desviaban su carrera hacia la cocina para, entre gritos, llevarse unas galletas a escondidas. Volvían al vestíbulo de entrada gracias a las puertas de servicio escondidas y su carrera tocaba fin en el largo corredor que une las habitaciones, comunicadas mediante unas generosas puertas correderas.

Aislado en su habitación, situada en el extremo sur de la casa, Ricardo Gomisleía la prensa yesperaba la visita de sus amigos mientrasveía la caída de la noche sobre la brillante lámina de agua de la piscina.

El ruido de las ruedas de los coches sobre la grava del patio anunciaba su llegada.

Cómodamentesentados en los múltiplessofásdelsalón, con su equipo Hi-fi últimomodelosonando y los grillosdeljardín de fondo, las noches se convertíanentonces en largasdiscusiones en las que se debatía, sobre arte, música y la actualidaddelpaís y se disfrutaba de las compañíasmásinteresantesdelmomento.

 

Fotos de Fred Guillaud

Texto de Marta Pujol Carrasco y Fred Guillaud

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